Las competencias
docentes son la base de la educación moderna, dado que los profesores deben de
preparar al alumnado para el cambio constante que sucede en el mundo. Enseñar
no es solamente explicar unos ejercicios en clase, sino crear situaciones de
aprendizaje en la que cualquier tipo de estudiante se sienta incluido y para
ello el profesorado debe desarrollar una serie de habilidades y conocimientos
para poder adaptarse a cualquier situación que se pueda encontrar.
Hoy en día el objetivo
que se quiere alcanzar no es solo que los estudiantes comprendan las materias,
sino que también puedan aplicarlas en su día a día. Para ello se deben
desarrollar actividades que fomenten el pensamiento crítico, la autonomía o la
resolución de problemas. Esto no es sencillo ya que requiere al profesorado la
creatividad y capacidad de desarrollar actividades en las que el alumnado pueda
adquirir esas competencias de forma natural y no forzada.
Una de las competencias
más recientes e importante es la digital, la cual es crucial para entender el
mundo actual. En esta situación el docente debe de ser capaz de seleccionar las
herramientas tecnológicas adecuadas y adaptarlas en sus objetivos educativos. Además
de enseñar a utilizarlas de una manera crítica y responsable, para que el día
de mañana estén preparados para un mundo más digitalizado.
Otra de las
competencias que se debe de adquirir es la ética docente. En la actualidad el
docente debe de actuar con sensibilidad y empatía, ya que en el entorno
educativo son evidentes las desigualdades sociales y culturales. Por ello se
debe de promover la inclusión, para que cualquiera se sienta incluido y que
todos tengan las mismas oportunidades de desarrollo a pesar de sus diferencias.
Pero estas competencias
no deben de depender solamente del profesorado. El sistema educativo debe de
apoyar facilitando la formación continua para que el docente pueda a los
cambios sociales, culturales y tecnológicos. Este apoyo debe de ser constante
desde la formación inicial hasta el final de la carrera, ya que no solo
beneficia al docente, también a la calidad de la educación que reciben los
estudiantes.
En conclusión, la base
de una buena educación son las competencias docentes. Por lo que seguir
evolucionando esas competencias es clave para fortalecer y mejorar la
educación, ya que ser profesor no es solo enseñar, también preparar a los
estudiantes para el futuro.
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